Cambiar

Instalaciones eléctricas: Resistencia a la corrosión galvánica
Santiago, 02 de julio de 2026
Los entornos costeros y los ambientes industriales altamente corrosivos representan un desafío para las instalaciones eléctricas. La exposición constante a la humedad, la alta salinidad y la presencia de diversos agentes químicos en rubros como la minería, la desalinización y el sector energético aceleran de forma drástica el deterioro de la infraestructura.
Garantizar la integridad de estos sistemas es fundamental para evitar colapsos operativos, especialmente considerando el papel crucial de la electricidad en la minería y los entornos de producción continua.
La corrosión galvánica ocurre cuando dos metales distintos entran en contacto eléctrico en presencia de un entorno conductor (electrolito), como el agua salada o la humedad ambiental. En este escenario, uno de los metales, que actúa como ánodo, se corroe más rápido de lo habitual, mientras el otro actúa como cátodo y queda protegido.
En instalaciones eléctricas de zonas costeras o mineras, este proceso puede desencadenar fallas severas. Los riesgos eléctricos en minería aumentan de forma significativa cuando la corrosión ataca estos componentes metálicos, ya que provoca pérdida de continuidad, cortocircuitos y deterioro prematuro de los equipos.
Para extender la vida útil de las infraestructuras y mitigar los riesgos eléctricos en minería, es vital establecer lineamientos técnicos rigurosos. La elección de componentes y la forma en que se ejecuta la canalización de instalaciones eléctricas determinan la durabilidad del sistema.
Criterios de selección para ambientes corrosivos:
Una correcta canalización de instalaciones eléctricas en atmósferas agresivas exige cumplir con protocolos de aislamiento físico y químico. Las medidas más eficaces para combatir estas degradaciones incluyen:
La resistencia a la corrosión está directamente ligada a la continuidad operacional, la seguridad industrial y la optimización de los presupuestos. Por ello, contar con materiales certificados para atmósferas agresivas es indispensable para el desarrollo seguro de la electricidad en la minería.
Elegir bien los materiales, recubrimientos y sistemas de montaje marca una diferencia rotunda en la confiabilidad y durabilidad de las instalaciones eléctricas expuestas a condiciones extremas.
Puedes encontrar soluciones integrales explorando las categorías de canalizaciones especiales, fittings recubiertos, cables armados y accesorios de terminación visitando Dartel, donde disponen de un catálogo transversal y experto para respaldar la electricidad en la minería y cualquier proyecto de infraestructura crítica.
Es el contacto eléctrico directo entre dos metales con diferente potencial electroquímico inmersos en un electrolito. El metal menos noble (ánodo) se corroe rápidamente para proteger al más noble (cátodo).
La Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC), a través de los Pliegos Técnicos Normativos RIC (en particular el RIC N°04), exige que las canalizaciones y sus cajas estén protegidas contra la corrosión y que, en ambientes corrosivos, con humedad permanente o subterráneos, los ductos metálicos cuenten con protección adecuada a las condiciones de instalación y un grado IP acorde al ambiente.
El acero inoxidable grado 316L contiene molibdeno en su aleación, un elemento químico que le otorga una resistencia superior contra la corrosión por picaduras (pitting) y el ataque de cloruros. El grado 304 carece de este componente, lo que provoca que se degrade rápidamente al ser expuesto a la niebla salina de zonas costeras o a los químicos agresivos presentes en la minería.
El PRFV es un material compuesto polimérico que destaca por ser completamente dieléctrico (no conductor), ligero y químicamente inerte, por lo que jamás sufre de corrosión galvánica. Debe utilizarse como alternativa al metal en bandejas portacables y soportes ubicados en ambientes con extrema exposición a ácidos, plantas de desalinización o áreas de lixiviación minera.